sábado, 25 de julio de 2020

Dias buenos y buenos días

Siempre tiendo a escribir sobre lo que me inquieta, supongo que es una de las formas más eficaces que conozco para combatir un dolor de cabeza ya que dejas los pensamientos fluir sin necesidad de drenarlos porque tienes que enfrentarte a los quehaceres diarios

Pero hoy es un día explendido de verano, no hace demasiado calor, he dormido bien y por primera vez en mucho tiempo las conversaciones vecinales que se escuchan desde mi terraza no me parecen del todo absurdas... Digamos que me he levantado de buen humor

Para hoy tenía planeado sacarme una foto decente para el currículum, de esas en las que no parece que estoy cansada pero tampoco que tengo doce años, en ocasiones es difícil lidiar con mi rostro. También pensaba en arreglarle un par de costuras a mi querido osito de peluche que muchos conoceréis bajo el nombre de Teo y limpiar algunas habitaciones de la casa, salir a la compra y cocinar, actividad que he empezado a desarrollar en apenas unas semanas. Me enorgullece decir que la cocina no es tan difícil como pensaba

Pero basta de hablar de lo que voy a hacer, son apenas las once y aún tengo el resto del día para ocuparme de ello

Hoy me apetece escribir algo alegre

Podría comenzar hablando de correspondencia, en los últimos meses me han hecho tres de los mejores regalos de mi vida. Una es una carta de cierta mujer caracterizada por su firmeza como docente, pero cuyas palabras me dieron ánimos... Y para que engañarnos, me los siguen dando cada vez que las leo. Otra es una carta de a quien considero mi mejor amigo, que me ha hecho darme cuenta de que realmente tengo capacidad de sobra para comerme el mundo, a fin de cuentas que mis espectativas de verano sean conseguir un trabajo y sacar tiempo libre para pasearme por la biblioteca nacional en busca de un artículo que presentar a la columna de opinión del país dicen mucho de mi

La última carta, para mi la peor pero la más significativa, es la de un idiota al que conozco desde hace demasiado, en ella revelaba que soy un misterio imposible de descubrir pero merecedor de indagar en él. Se me hace extraño leer su carta, comenzando porque los escritos de esa índole no le pegan en absoluto y continuando por el pequeño sentimiento de culpa que me hace sentir al pensar que, de un modo u otro, lo ha escrito por obligación

Me refiero a su carta como la peor de todas no porque esté mal, de hecho sí quitas los tecnicismos, las metáforas y alguna que otra alegoría queda una preciosa composición plagada de sentimientos, no, me refiero a ella como la peor a nivel emocional

Supongo que es porque me da demasiado que pensar, pero eso es una historia para otra ocasión

Mientras escribo me pregunto también como sería mi verano si durante el instituto hubiera favorecido más mis relaciones sociales, me pregunto si estaría en una fiesta, o disfrutando de una tarde de playa con mis compañeros de clase, me pregunto que hubiera pasado si no fuese tan insegura

Pero aquellas storys de Instagram que reflejaban fiestas o quedadas, aquellas que antes me hacían empequeñecer y sentirme sola, se han vuelto pequeñas piezas de puzle a las que no tardo en contestar con un "Me alegro de que lo estéis pasando bien"

He descubierto que no solo no debo incriminar a la gente por no incluirme, ya que en su mayoría la culpa es mía, sino que la vida que llevo actualmente, por aburrida que suene, me llena

Si de perfección se trata, me encuentro muy lejos de llegar a ella quizás sea porque quiero hacer más cuando el cuerpo me pide menos o porque sé que es imposible alcanzar la felicidad plena con tres lustros y tres años de vida. La gracia está en que no persigo la felicidad sino la tranquilidad, lo cual suena irónico tenido en cuenta mi ritmo de vida. Pero si algo he aprendido este año que no me ha enseñado ningún otro es que es mejor irse a la cama en paz antes que alegre 

Quizás sea porque concilias mejor el sueño, o porque no tienes mucho sobre lo que dar vueltas, pero sea como fuere mi mecanismo funciona y eso hace que sienta la felicidad, incluso si hace unos párrafos he mentido diciendo que no la buscaba 

Lamento no haber escrito una de esas preciosas reflexiones emotivas que me caracterizan y agradezco que, si estás leyendo esto, hayas llegado hasta aquí, pero historias tristes o melancólicas tengo para contar de sobra, días buenos... Digamos que no tantos


domingo, 31 de mayo de 2020

Miedo a las tormentas

Atrapada en un garaje, con aquella tormenta que rugía con la ferocidad del mismo infierno haciendo estremecer el suelo, me levanté

Sujetando el móvil entre mis manos temblorosas enfrenté a la lluvia y corrí hacia casa, los cascos resbalaban de mis orejas mientras la canción de suspicious minds, que me había tranquilizado hasta entonces, se desvanecía entre los rayos. Mis pantalones apenas tardaron unos segundos en empaparse y el frío amenazaba con acerme retroceder hasta aquel escondite de la calle Albuquerque

Pero no lo hice, en lugar de encogerme de miedo y ahogar los truenos con música a todo volumen como era costumbre en mí, en lugar de congelarme y llorar, sonreí

Me detuve a la vez que las gotas de lluvia resbalaban contra todo mi cuerpo sumergiendome en un baño frío, me paré en medio de la calle pero si algo puedo asegurar es que no fue por miedo

Me detuve porque una carcajada amenazaba con salir, me detuve a reírme en medio de aquel callejón mientras el sonido rugiente de la tormenta tapaba el eco que salía de mi boca

Me detuve porque fue en ese instante cuando me dí cuanta de que nada importaba

Mi miedo irracional a los truenos, mis espectativas, mi amabilidad, mi adicción al café y a fumar fuera de casa que me habían obligado a salir; mis constantes réplicas hacia mi misma o mi afición por escribir como lo hago ahora entre la lluvia

Nada importaba, lo que para mí se había convertido en una historia de superación se olvidaría junto con todo lo bueno que he hecho, lo que para mí había sido una vida dedicada a buscar la felicidad y la simpatía de otros eran mentiras cínicas para tapar mis propias inseguridades

Mis sueños rotos, mis oraciones temblorosas que se fundían con la lluvia, mis principios, mi constante búsqueda de ser la chica popular del instituto aunque viviese improvisando

Mi afán de ser la protagonista de una novela de mierda, el miedo a amar cuando temía la soledad, la bonita infancia que ahora recordaba entre lágrimas

Nada importaba, estaba tan segura de que no iba a pasar de los setenta como de nadie me recordaría, y el único motivo por el que estaba tan segura fue el mismo por el que dejó de llover

Porque todo era una bonita mierda a la que podíamos tachar de vida, porque nada era predecible y no merecía la pena vivir bajo la sombra de tus inseguridades

No merecía la pena forzar una sonrisa amable y volver a tu lectura si siempre destacarías por ser la pringada que nadie invitaba a las fiestas, no merecía la pena escribir tanto sobre el amor y la superación si era mi desprecio hacia los mismos los que me habían hecho acabar aquí. No merecía la pena pedirme perdón porque, a pesar de que la había cargado infinidad de veces, nada de esto era culpa mía

Siempre me odié por no ser la reina del instituto, por vivir por inercia o sonreír para evitar conflictos, por nunca sentirme preparada para el sexo a pesar de haber disfrutado de este, por aferrarme tanto a las personas que me brindaban amabilidad hasta el punto de derretirme por ellas y por confundir la amistad con el amor

Pero fue bajo el claro del cielo, bajo la tormenta que había tenido lugar hace unos minutos y bajo el sonido de mis carcajadas y los truenos cuando me di cuenta de que todo aquello por lo que me odiaba tampoco importaba

Era una chica más con otra vida de mierda y sueños de superación, otra chica con un afán de protagonismo y comprensión que compartía con otros cientos de miles de personas

Era una del montón y, por primera vez en años, el sentimiento de que no era especial me tranquilizaba

Fue en aquella tormenta, parada en medio de la carretera cuando me di cuenta de que, efectivamente, no era importante pero que al menos no estaba sola

jueves, 7 de mayo de 2020

En la vida aún desconozco..

No hace poco he tenido que recurrir a uno de esos textos sobre el autodescubrimiento y aprendizaje tan bonitos pero monótonos como ellos mismos

El ejemplar en particular es un escrito de  Paulo Coelho llamado "Lo que he aprendido en la vida", el cual recomiendo encarecidamente por la veracidad de gran parte de sus afirmaciones. No obstante textos y frases como las expuestas por el autor en su momento, se han convertido en lo que actualmente tachamos de cargante. Ya sea por su prolongada exposición en las redes y la capacidad de las personas para asfixiar escritos tan bellos repitiendo y parodiando estos hasta el punto de que aburren, cada vez hay menos espacio para ideas originales y, por tanto, aún menos para las propias

Y es que es más común de lo que creemos oír eso de "He aprendido a amarme a mi mismo antes que a los demás" o "He aprendido que hay quien no me merece" y su sinfín de variedades que la gente tiende a compartir al unísono en su redes sociales. No olvidemos tampoco el famoso "La vida me ha enseñado..." que no ha tardado en volverse una de mis frases más odiadas hasta la fecha

Si de una cosa estoy segura es que aprender, aprendes por ti mismo, eso seguro, pero la vida tiene cosas mejores mejores que hacer que posponer todo lo que esta conlleva para darte lecciones. Es inevitable aprender de ella y somos afortunados de tener un modelo tan severo como paciente, pero es importante pararse a recordar que somos nosotros los que giramos en torno a ella y no al revés.

La vida es una maestra inenarrable y aprenderás más de los obstáculos que ponga en tu camino antes que de ella misma.

Así que, antes de hacer una lista interminable con las cosas que he aprendido o me han enseñado, prefiero dedicar las siguientes líneas a enumerar todo aquello que todavía desconozco

A mis casi 18 y aún no he aprendido a aceptarme a mi misma, no porque este desconforme con mi actitud o mis valores, sino porque me niego a aceptar que la versión actual de alguien pueda ser la mejor. Lo dijo John Henry Schwarz en su momento con la teoría de cuerdas, que explicaba que todo estaba hecho de partículas unidimensionales que vibraban para dar forma al universo; lo mencionó Nicolás Copérnico cuando descubrió que los planetas giraban sobre si mismos y alrededor del sol y lo repitió Newton cuando enunció la Ley de gravitación universal donde nos vemos en constante atracción hacia la tierra por la inmensidad de esta

El universo está en constante movimiento y, por consiguiente, en constante cambio. Me niego a pensar que tan solo podemos aprender una cosa a la vez, me niego a creer que existe un límite para el conocimiento o fronteras para los avances. Es irresistible sucumbir a los encantos de un "Ya está" o "Es así porque sí" y dedicar el resto de nuestra agenda a no comernos la cabeza, pero, como dijo  Arthur C. Clarke:

"Lo que hoy ha empezado como ficción, mañana será terminado como reportaje"

Definir es limitar y las grandes incógnitas como el amor, el universo, la felicidad o la vida misma son conceptos tan inefables como ilimitados. Hablando de forma ideológica, aunque sea y será imposible saberlo todo, merece la pena curiosear en aquello desconocido y no dejarnos condicionar por un "Ya lo he aprendido" o "Esto ya me lo han enseñado"








miércoles, 29 de abril de 2020

La mujer del cuarto piso

Todas los miércoles, a aquello de las siete y media, la misteriosa mujer del cuarto piso se asoma a su balcón. En bata y zapatillas, acompañada de una taza de té y de unos treinta años que parecen veinte, se presenta en su terraza a contemplar el cielo gris de las lluvias de abril y el piar de las golondrinas en primavera

Se apoya sobre la barandilla y con un cruce de miradas nos saludamos a través de la ventana del edificio de enfrente que separa nuestros pisos. En ocasiones son miradas rápidas, en otras tantas dejo mi lectura a un lado para contemplarla. En ocasiones ella corresponde posando su vista sobre el cristal que nos exime, en otras tantas me ignora volviendo sus ojos hacia el firmamento

Podemos permanecer así durante horas, la una en compañía de la otra sin necesidad de intercambiar palabra, sitiadas en la tranquilidad del silencio y de la gélida brisa de primavera que se oculta en nuestro patio interior. Algunas veces me sonríe, o al menos eso me parece a mí, algunas veces yo también la sonrío de vuelta y ,con un rubor clandestino, termina su taza, se anuda la bata celeste y regresa al interior de su hogar

En ocasiones una corriente repentina enmaraña su pelo a lo que yo río divertida desde la comodidad de un tercero, en otras la misma ráfaga desordena las páginas de mis libros y ella con una expresión triunfal me saca la lengua a modo de venganza. Y es que se había vuelto costumbre usarnos como entretenimiento particular

A veces alguna terminaba por faltar a nuestra cita particular por los quehaceres diarios, y en otras tantas nos sorprendíamos por la puntualidad de nuestra entrega. tanto para las aves que recorrían el cielo como para las cristaleras que adornaban los bloques de edificios de hormigón, se había vuelto habitual oír dos balcones abrirse y cerrarse a la misma hora, permanecer callados otras tantas y ver como aquellas desconocidas que se prometen el infinito en la inmensidad del silencio retomaban su vida después de una breve pausa en compañía

Y tal y como había empezado, aquella costumbre terminó un miércoles a las siete y media, cuando en lugar de salir a nuestras correspondientes terrazas nos encontramos sonrientes, yo subiendo y ella bajando, en la escalera que separaba el tercero del cuarto

He de admitir que nunca me gustó el té, pero no pude evitar disfrutar de aquella infusión mientras nos asomábamos a la calle en el balcón de la mujer del cuarto piso




sábado, 14 de marzo de 2020

Relaciones intermitentes


Supongo que nunca te lo llegué a contar, pero el cartearme con alguien siempre ha sido uno de esos sueños absurdos que se tienen aún cuando uno es pequeño, es probable que todo comenzase con mi afán por los amores imposibles de época que actuaron como desencadenantes de mi pasión por la escritura y mi amor por lo romántico; supongo que nunca te lo llegué a contar, pero decenas de cartas y unos cuantos años aún siguen cogiendo polvo en mi estantería esperando a serte entregadas

No pretendo esconderlo, gran parte de ellas son declaraciones de amor y alguna otra estupidez que no tuve el valor de entregarte en su momento, pero ahora, mientras releo los centenares de palabras de más de seis años de cartas no puedo evitar fijarme en lo mucho que han cambiado el tono de las mismas, desde ñoñerías románticas que no ocupan más de media cara hasta las declaraciones de odio mas súbitas que te puedes imaginar, pasando claro está por los numerosos agradecimientos hasta la descomposición de lo que durante años hemos llamado amistad

Para ser sincera, estoy cansada, cansada que cada vez que intento hablar contigo de cuatro años de emociones reprimidas pretendas que todo sigua igual, estoy cansada de volverme loca intentando averiguar si realmente me quieres o te limitas a intentar no hacerme daño y cansada de que me digas lo mucho que te importo cuando no me lo demuestras

Por dios ______ no te importo o quizás sí, pero da igual lo mucho que sientas por otra persona, si no lo transmites, entonces no significa nada. Siento que cada vez que hago cualquier cosa para intentar acercarte más a mi acabo por alejarte, pero considero a la decepción como un mejor sustituto de la impotencia ya que si por ti fuera dudo que nos hubiésemos visto hasta pasados unos cuantos meses más... sinceramente, si me quisieras tanto como yo te quiero sabrías que disfrutarte una vez al mes no es suficiente

Pero si de algo estoy realmente cansada es de pensar siempre que todo esto es mi culpa, porque por mucho que me deteste soy lo suficientemente inteligente para saber cuando sobro y cielo, lo quieras o no, sobro en tu vida

Sí, hice cosas por ti en el pasado y sí, no dudo que no nos lo pasemos mal cuando estamos juntos (esas sonrisas tuyas son difíciles de fingir) pero no soy una persona prescindible en tu vida. Lo intenté hablar en su momento cuando mis nervios se mantenían firmes, al igual que me arde la sangre al querer hablarlo ahora, pero sé que con lo que tienes encima sumado al esta pandemia (cada vez más surrealista) y al aislamiento que la misma conlleva no es el momento para lidiar con casi un lustro de conversaciones a medias. No obstante, no hay nada más frustrante que te digan que todo sigue igual cuando, a pesar de que te esfuerzas porque así permanezca, todo cambia

Porque me aterra que cada vez que toca pulsar el botón de enviar en un mensaje tuyo mis dedos tiemblen, porque a quién quiero engañar, esto ha cambiado, ha cambiado demasiado como para seguir luchando por aquellas tardes infantiles donde nos prometíamos el universo, demasiado como para ocultar que a estas alturas he sentido de todo por ti menos amistad y demasiado como para darme el capricho de hacerte llegar esto sin consecuencias para nuestra, ya de por sí complicada, relación

Amame, olvidame, besame o dejame ir; usame como psicóloga personal sobre el césped de rosales o como consejera personal en compañía de una taza de café pero no pretendas seguir fingiendo que te importo tanto como para mantener una amistad

Creeme, ser querido por compasión es más doloroso que ser rechazado

sábado, 29 de febrero de 2020

Un consejo y un favor personal

Estimada, por no dejarme llevar por el personalismo de querida, compañera

Realmente me fascina que te abras tanto con alguien como yo, las personas introvertidas tienden a encerrarse en su pequeño mundo y de vez en cuando nos hace falta gente que nos den un empujoncito para sacarnos del mismo

Tengo bastantes cosas de las que me gustaría hablar largo y tendido con algunas personas de clase, me enorgullece decirte que eres una de ellas; pero antes que invitarte a un café con el objetivo de hablar de nuestra situación emocional y mental y acabar perdiéndonos en anécdotas del pasado, prefiero darte una recomendación

Nunca dudes de ti misma por haber confiado en alguien

La personas somos complicadas, complicadas hasta tal punto de que nos perdemos en nuestra propia complejidad intentando copiar la de otros, pero no creo que la confianza en los demás sea una de tus complicaciones

Aún me pregunto que hubiera pasado si siguiese sentandome en primera fila absorta de la clase, o cómo serían mis días sin alguna charla intrascendente sobre cualquier tema que me brindas con una sonrisa... Me pregunto que hubiera pasado si no me hubieses tratado con tu confianza característica

Probablemente seguiría enredada en algún trabajo de última hora o encerrada en el primer libro que tengo en mi lista de lectura pendientes, pero he de admitir que, por decirlo de alguna forma, la fe que has depositado en mi me dice más de ti como persona que cualquier conversación superficial en algún bar de Madrid

No somos amigas, y nunca lo hemos sido, no porque nos llevemos mal o porque no tengamos aspectos en común sino porque (y sé que coincides conmigo) la amistad trata de experiencias compartidas y estas a su vez lo hacen de tiempo. Por resumir un poco nuestro tiempo juntas ha sido corto

No obstante, si aún con nuestro corto tiempo has hecho que dé algunos suaves pasos fuera de mi zona de confort, no quiero ni imaginarme el efecto que habrás logrado en aquellas personas que realmente te importan

Si te soy sincera, antes que focalizarme en tus sentimientos, me he pasado los últimos cinco minutos de conversación intentando imaginar a la clase de imbécil que rechaza, ya no solo una confianza a secas, sino una como la tuya

Y es que, para alguien que crea distancia por intentar evitarla... para alguien como yo, no le entra en la cabeza que clase de persona te rechazaría

Si me abriesen los brazos de par en par, de la misma forma que tú, o algunos otros compañeros de clase me habéis abierto los brazos este trimestre , nunca y digo nunca sería tan estúpida como para negarme

Porque, aunque complicadas, las personas son imprescindibles; y sí, son fuente de enfados y tristeza, pero también de felicidad y euforia. Nunca, y te lo pido como favor personal, nunca, te entristezcas de confiar en alguien que no se lo merecía, al hacerlo demuestras ser tres veces más humana de lo que ellos serán jamás

Con cariño: Meme

sábado, 22 de febrero de 2020

Amores de época

A veces pienso que nunca pertenecí a este siglo

Quizás debería haber nacido cuando aún no existía el mínimo ápice de nuevas tecnologías y las conversaciones prolíficas sobre la literatura de época se entonaban frente a un cafe, o quizás más atrás, aquella de los romances prohibidos a primera vista, donde la única forma de comunicación entre amantes era una carta indiscreta plagada de sentimientos

A lo mejor en el medievo, me imagino como una de esas damas de ojos verdes y cabellos rubios que actuaban como musas para los tan lejanos poetas, o incluso en la época dorada de España, paseando por las calles renacentistas y entromeriendome de forma indiscreta en cualquier representación teatral

Quizás en cualquier época, pero no ahora, la monotonía y el automatismo del día a día social apenas nos dieron tiempo para aquellas charlas, ahora lejanas, para romances prohibidos o intromisiones inoportunas, el presente tan sólo nos dejó hueco para el arduo estrés de los quehaceres y el deber entablar relaciones apresuradas aún entre nosotros

Sabes bien que más de una vez he soñado con cruzarme a un poeta de siglo por alguna de las tantas cafeterías que solíamos frecuentar, o de acudir a aquellos teatros donde las damas de época tendían a vestir absurdos vestidos y ridículos tocados de los cuales no hubieras tardado en reirte

Quizás sea porque nos acostumbramos a no encajar, o por que el no hacerlo se volvió costumbre habitual, pero se que sabes que no puedo evitar sonreír cuando pienso en charlar sobre el estilo bohemio característico de Neruda o en las numerosas tazas de café que podría haber compartido con Machado y su extraña adicción al mismo

Quizás podría llegar a emocionarme con la idea de intercambiar algunos versos con Luis Cernuda, carcajear para mis adentros cada vez que viese publicado uno de los tantos escritos que definían la rivalidad de Gongora y Quevedo o incluso discutir con Pío Baroja sobre la importancia de la figura femenina en el mundo literario

O quizás podría haberme mantenido alejada de ti, y de la absurda pasión que ambos compartíamos por la literatura. Debería haberme alejado de tus ojos, profundos y oscuros como ellos solos o de las sonrisas que busco apresurada mientras camino y cruzo miradas con rostros, que aún parecidos al tuyo, no lo son

Es probable que sea porque he olvidado tu tacto y prefiero consolarme en alguna obra de García Márquez antes que lidiar de forma explícita con las relaciones aceleradas del siglo XXI

Aunque si algo es seguro es que al igual que me enamoré de tantos autores lejanos, también lo hice de ti; quizás fuese porque te parecieses demasiado a Becquer o por tu tono profundo como marcado por la "Humana Voz" de Alexandre, pero compartía contigo y con tus labios la misma absurda obsesión que mis dedos y las páginas de una edición de bolsillo

La necesidad de escanear tus páginas en busca de una frase que hiciera dar un vuelco al corazón